Entrevista a Silvia Rodríguez Coladas, propietaria del Pazo de La Saleta

Entrevista a Silvia Rodríguez Coladas, propietaria del Pazo de La Saleta
Una vez que adquirís el Pazo de La Saleta, ¿os dejaron instrucciones los antiguos dueños sobre el cuidado del jardín?

Margaret Gimson –la anterior propietaria del jardín- convivió con nosotros un tiempo hasta que vendió todas las partes que integraban originalmente la finca de La Saleta. No nos dejó instrucciones pero sí tuvimos una estrecha relación con ella, muy especialmente mi madre, Blanca Coladas, que, todos los jueves, daba paseos con ella por el jardín, hacían juntas las fichas de las plantas… ¡hasta la acompañaba al médico!

Todo eso hizo que se integrara en cierta medida en nuestra familia y compartiera con nosotros, no sólo anécdotas, cuidados de plantas, historia, sino también muchas experiencias sobre su vida en Galicia. Contado todo por una mujer extraordinaria como era Margaret fue todo un privilegio. ¡Sabemos cosas que nadie se imagina!

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Siguiendo con su mantenimiento, ¿qué papel juega el jardinero (o en vuestro caso, el ingeniero)? ¿Todo está muy pensado o hay efectos “espontáneos”?

Son asesores que nos ayudan con su experiencia y su buen saber pero las decisiones las tomamos exclusivamente nosotras. Por supuesto hay decisiones espontáneas. Un jardín es una gran comunidad de seres vivos, con sus problemas, sus enfermedades, fallecimientos, accidentes, alegrías, nacimientos… Nuestra misión es mantener a todos con vida y en las mejores condiciones posibles para que, cuando nosotras no estemos, sigan disfrutando de su vida aquí. Una misión que es muy dura, requiere mucho esfuerzo personal y económico pero también es cierto que está llena de satisfacciones.

Si sabes observar un jardín, asistes a pequeños milagros diarios, ¿no es eso un gran privilegio?

 

Sabemos que en La Saleta viven plantas de todo el mundo pero la sensación que uno tiene cuando llega al jardín es que se difumina con su entorno sin resultar “agresivo” en el paisaje, ¿en tu opinión, cuál es la clave? ¿ Utilizáis plantas locales para evitar que exista un gran contraste?

Tienes toda la razón y es una pregunta que me encanta que me hagas. El porqué es sencillo: tanto Robert y Margaret Gimson como nosotros hemos mantenido las especies autóctonas y los árboles centenarios. Si arrancas la flora de aquí –o la que no es de aquí pero que está muy integrada en nuestro paisaje como los eucaliptos-, privas al jardín de su alma. El jardín es inglés, diseñado por una arquitecta paisajista inglesa y creado inicialmente por ingleses pero no podemos olvidar que este trocito de paraíso se asienta en tierra gallega, con su pazo de labranza, su capilla y su palomar y eso imprime carácter, ¡mucho! Además, somos reacias a hacer una “plantación de especies raras” en lugar de un “jardín hermoso”. No queremos que esto se convierta en una simple colección por muy extensa que sea. El Alma del jardín es tan importante como cada una de las plantas que lo integran y no queremos renunciar nunca a ella. Mientras nosotros seamos los propietarios, ¡habrá “toxos” y “xestas” conviviendo con el árbol sagrado de la tribu Mapuche de los Andes y con el Bravejum stelatifolium de Sudáfrica! Tenemos que estar orgullosos de lo nuestro siempre. Además, para el que viene de fuera es una rareza extraordinaria, no lo olvidemos.

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Cuáles dirías que son las 5 especies que más destacan en vuestro jardín.

Dificilísima esta pregunta ya que de las 400 especies diferentes que recibimos de Margaret y Robert ya estamos en las 800 y aparte, en cada estación, cobran protagonismo unas especies diferentes. Te destacaría la colección de Callistemon, que es la más antigua de Galicia ya que fueron nuestros predecesores los que introdujeron esta especie aquí. Los enormes Leptospermum lanigerum, también los primeros en venir a tierras gallegas. La colección de camelias, algunas muy raras, gracias a la cual el jardín es uno de los integrantes de la Ruta de la Camelia. Las raras magnolias con curiosas, y a veces increíbles, flores, el bellísimo Arbutus andrachnoides, un árbol que cambia de color cuando llueve, los rododendros de la India… ¡Uf, muy difícil!

 

¿ Y los rincones? ¿ Cuáles son aquellos que más disfrutas?

Disfrutamos absolutamente de todos porque en nuestros paseos –diarios- por el jardín nos asombramos con cada flor. Con la gigante y con la pequeña, con las formas de las hojas, con su tacto, con las distintas fragancias de cada rincón. No te podría decir un rincón favorito aunque sí tengo predilección por el bosque. ¡Es fascinante y absolutamente de cuento!

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Sobre las visitas a La Saleta, ¿alguna anécdota o visita que os hay marcado? ¿Qué es lo que suelen buscar los turistas que os visitan?

La anécdota que más nos marcó sin saberlo hasta hace poco, fue la visita de José Ramón Castiñeiras, de Turgalicia. Fue visitando La Saleta cuando le llegó la inspiración para crear la Ruta de la Camelia. ¿No es maravilloso?

También dejó huella la visita de la escritora y periodista Marta Rivera de la Cruz. Su artículo en el suplemento Viajeros del periódico El País nos cambió la vida ya que gracias a él comenzó a venir público español a ver el jardín. Dieciocho años antes de ese artículo tan sólo venían extranjeros y algún paisajista español. Italia, Francia, Australia, Reino Unido, Alemania eran los únicos visitantes. Me cuenta mi madre, que fue la que les atendió durante ese tiempo, que llegaron a venir los dueños de los Castillos del Loira o el arquitecto de los Agnelli con un grupo de nobles de Italia. Tanto unos como otros se fueron maravillados con nuestro adorado jardín.

En cuanto a la segunda cuestión, lo que suelen buscar los viajeros que nos visitan es belleza, magia, desestrés, y por supuesto, conocer o ver nuevas especies que no tienen la oportunidad de observar salvo en el país correspondiente. Algunos –aunque es raro-, vienen a ver como se restauró el pazo y el resto de construcciones que adquirimos en ruinas pero lo normal es lo que te he comentado antes.

 

¿ Cuáles son vuestros plantes futuros para el jardín?

En el ámbito interno, nos vamos a centrar en mimar y cuidar todas las especies que recibimos de Robert y Margaret y atender como se merecen a todos los bebés y no tan bebés de plantas integradas por nosotros en el jardín –que son muchísimas- para que crezcan felices y fuertes y su hermosura pueda ser admirada por las generaciones futuras. Cuando cuidas un jardín estás cuidando la salud y la belleza de un trocito de planeta y piensas, no sólo en ti, sino en los que vendrán después de ti.

En cuando al aspecto más externo, por ahora continuaremos con las visitas guiadas pero nunca hemos descartado algún día dejarlas y disfrutar del jardín sólo con nuestra familia y amigos. Eso es algo que siempre está ahí y, lógicamente, ocurrirá en algún momento. Yo tengo cuarenta y seis años y ¡en un futuro querré descansar! Si no hay alguien joven que continúe con esta labor, se cerrará para el disfrute familiar e íntimo.

Por eso, sin decirles nosotros nada, muchos de nuestros visitantes entran en el jardín dándonos las gracias porque son conscientes de que, aunque paguen su entrada, es un enorme privilegio visitar un jardín privado, mimado y cuidado por una familia. Les estamos abriendo las puertas de nuestro hogar, nada más y nada menos.

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Para finalizar, ¿ por qué crees que la visita al jardín de La Saleta es imprescindible y en qué época del año la recomiendas? Anima desde aquí a la gente a visitar vuestro jardín.

Lo primero, la visita al jardín del Pazo de La Saleta es recomendable por su belleza, hasta nosotras nos maravillamos a diario. La Madre Naturaleza es asombrosa y si encima, esa Naturaleza procede de los cinco continentes, todavía te asombra más. Lo que nosotras pretendemos y creo que lo conseguimos por lo que luego nos cuentan, es que los visitantes pasen un rato felices, olvidándose de sus problemas, admirando esta maravilla que es este trocito de mundo y que tenemos la suerte de habitar. Además, el que quiere aprender algo de botánica, también se va a ir más que satisfecho. Pero insisto, no es necesario ser aficionado siquiera a la botánica para disfrutar enormemente con la visita. Éste además es un jardín habitado, hay multitud de rincones bellos que delatan que es nuestra casa. Convivimos con las plantas como una gran familia. ¡Hasta hablamos con ellas!

No puedo descartar ninguna estación, ¡recomendamos venir en las cuatro! Si buscas camelias, el invierno. Si buscas colores, el otoño. Si buscas, naturaleza desbocada y salvaje, la primavera y si quieres reposo, tranquilidad y calidez, el verano. Los ciclos de la Naturaleza son todos hermosos.

 

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Camelia nitidissima

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