Paseo de los olivos en el Pazo de Santa Cruz de Rivadulla

Paseo de los olivos en el Pazo de Santa Cruz de Rivadulla

Por dónde empezar… ¿por su antigüedad? ¿por formar parte del Catálogo de Árboles Singulares de Galicia? ¿porque entre sus ejemplares se encuentra el premio AEMO al mejor olivo monumental de España?

Más allá de la evidente importancia de todo esto, el paseo de los olivos del Pazo de Santa Cruz de Rivadulla impresiona por su belleza. Es un maravilloso conductor visual en medio de los campos cultivados. Sus olivos se asemejan a los pilares de una antigua y ancestral catedral viva. La robustez de la que hacen gala es la de unos asombrosos contrafuertes que cargan sobre sí, además de su propia nobleza, la sucesión de los tiempos.

Su historia se remonta a la segunda mitad del siglo XVI, momento en el que se amuralló el recinto y se dividió la propiedad del pazo: parcelas de cultivo separadas por avenidas y paseos (de diferentes anchuras según su importancia) con 500 olivos delimitándolos. También se aprovechaban éstos para producir aceite, machacando sus olivas en un molino con rueda de granito y prensa de viga.

No hace mucho, comenté en la web, que en el Libro de las maravillas del mundo, de Marco Polo, se hace mención a un paseo similar a éste. En él se nos habla acerca de “cómo ordena el Gran Khan que se planten árboles a lo largo de los caminos”:

“Interesa que conozcáis otra disposición útil y hermosa que ha tomado el Gran Señor; y es ésta que por todas las vías principales que atraviesan la región de Catai y las provincias vecinas, frecuentadas por los mensajeros, mercaderes y demás caminantes, ha ordenado plantar árboles a ambos lados, a una distancia de dos o tres pasos unos de otros; y los planta de una especie que llega a ser con el tiempo muy fuerte y grande, de modo que por su altura se les puede ver desde muy lejos. Ordenó esto para que todos puedan reconocer los caminos, y para que los mercaderes tengan sombra donde reposar; y también para que no pierdan la ruta, ni de día ni de noche. Y en verdad que estos enormes árboles, situados todo a lo largo de los solitarios caminos, son de gran ayuda para los mercaderes y viajeros, que a su amparo retoman nuevas fuerzas…”

En aquella ocasión me preguntaba,  ¿qué mejor ilustración podríamos encontrar para este fragmento, los amantes de los jardines gallegos, que la de los olivos del Pazo de Santa Cruz de Rivadulla? Sigo convencida de que la imagen de ese paseo en Rivadulla, sin duda, es la que mejor representa las descripciones de Marco Polo.

 

Revista Agaexar nº9 – Primer trimestre 2018

 

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