La zarza es un arbusto espinoso, resistente y difícil de someter que crece de forma enmarañada  formando en su conjunto setos impenetrables de diferentes alturas.

Una curiosidad muy interesante, al llegar la primavera, la zarza se transforma en una planta móvil: “si la registráramos a «cámara rápida» [fotografía a intervalos y proyectado como una película] veríamos que los turiones operan como exploradores que investigan el entorno mientras escriben, con pausada caligrafía aérea, el deseo de encontrar el soporte apropiado para sus ansias expansionistas. Aunque el movimiento no es perceptible a simple vista, es mucho más rápido que el de la mayoría de las plantas y ¡puede llegar a los cinco centímetros diarios!» (citado del libro Herbari: viure amb les plantes).

Aunque no es lo habitual en nuestro entorno, puede emplearse en jardinería. Se utiliza como fondo o pantalla del jardín, o como seto que limita una parcela. También es posible moldearla para hacer distintas intervenciones “artísticas”; por lo tanto, no sólo los aficionados a la mermelada de mora rastrean por entre sus enzarzados ovillos.

 

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Camino entre zarzas. Fotografía del libro G.C.Une écologie humaniste de Louisa Jones.

 

Nuestras silvas o zarzas comparten familia, la Rosaceae, con plantas ornamentales conocidas por todos nosotros. Los rosales, del género Rosa, son un ejemplo de ello. También lo hacen con muchos de nuestros frutales: manzanos, cerezos o perales forman parte de esta gran familia.

Es un espectáculo disfrutar del colorido de este arbusto cuando llegan sus frutos allá por el mes de agosto. Frutos, por cierto, ricos en vitaminas A, B1, B2, C, E, y en minerales como potasio, fósforo, hierro, sodio, magnesio… Por motivos como estos y otras propiedades, las moras constituyen un beneficio para nuestra salud, principalmente como sustancia antiinflamatoria, diurética, antiséptica, febrífuga, cicatrizante, laxante y analgésica.

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¿Y quién no recuerda su importancia literaria o simbólica? En el Éxodo, la zarza ardiendo fue la forma en la que Dios se apareció a Moisés en el monte Horeb, encomendándole la misión de liberar a los hebreos de la esclavitud de los egipcios. Os dejo de pasada algunas imágenes del interés de Marc Chagall por ese pasaje bíblico. Al verlas se me ha ocurrido que quizás el trazo de Chagall tenga también algo de trama de zarza (y aplíquese, a partir de esta idea, lo que las zarzas hacen con la piel -de quien quiere atravesarlas- a nuestra mirada sobre su obra).

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Moisés con la zarza ardiente,de Marc Chagall. Dibujo/boceto a lápiz y tinta china, c. 1963.

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Moisés con la zarza ardiente, de Marc Chagall. Dibujo/ boceto a tinta china y pastel, c. 1963.

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Moisés con la zarza ardiente, de Marc Chagall. Óleo sobre lienzo, 1966.

 

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Tarta de moras «de la abuela».

 

Comentarios

  • Jesús
    Responder
    febrero 11, 2017

    Muy buena explicación. Indudablemente es muy interesante en el estudio Bíblico, conocer la planta que escogió Dios para rebelarse a Moisés. Muchas gracias.

  • Edelmira Anchondo Arzaga
    Responder
    marzo 13, 2018

    Gracias, muy sustancioso tu texto. Me sirvió mucho. Felicidades!

  • johnner jesus figueroa mendoza
    Responder
    diciembre 7, 2018

    mui bueno me gusto mucho

  • Giselda rosario
    Responder
    abril 26, 2019

    Me encantó porque pude entender
    La razón que Dios tuvo para elegir esa planta

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