Finca de Besada. Inevitable nostalgia de lo perdido.

Finca de Besada. Inevitable nostalgia de lo perdido.
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En 1923, Augusto González Besada (Tui, 1865), abogado y político pontevedrés que llegó a ser Ministro de Hacienda, de Gobernación y Fomento con Alfonso XIII, concluye la obra de su palacete en la llamada Finca de Besada. A esta edificación de estilo francés se le añadirían otras como la casa de los guardeses (o caseros), la biblioteca – cuya fachada se construyó aprovechando las piedras de la Casa “dos Churruchaos” de Pontevedra, datada del siglo XV –  y 12 casas de muñecas.
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El jardín de la Finca de Besada

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Todas estas joyas arquitectónicas se rodearon de un magnífico jardín formado por especies exóticas singulares. Su propietario, familia y amigos disfrutarían del conjunto durante muchos años. A partir de ahí, y como ocurre en otros jardines gallegos de principios de siglo XIX, comienza su declive.
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La Finca de Besada se abandona paulatinamente hasta convertirse en un baldío de árboles imponentes. Tras la verja de hierro que hay en su entrada se dejaban entrever las paredes del palacete y la casa de los guardeses, rodeados (y cubiertos) de vegetación “descontrolada”, lo que bañaba a la finca ( o lo que quedaba de ella) en un aura de encanto y misterio casi novelesco.
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A partir del 2000 una empresa inmobiliaria compra la finca y edifica la mitad de su superficie, dejando 9000 metros cuadrados de zona verde para los vecinos de Poio. Rehabilita la biblioteca, la casa de los guardeses, el palacete y una de las cocheras.
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Este verano hemos visitado la finca. Tuve que esforzarme para “desconectar” de su nuevo entorno e intentar disfrutar de la restauración del espacio: la urbanización de pisos de lujo, a medio construir en algunas zonas, el aparcamiento improvisado de coches en su interior, los paneles publicitarios en sus límites y sobre todo, el aspecto descuidado del jardín, no ayudaron demasiado. Lo que podía ser un pequeño vergel en medio del asfalto, parecía, más bien, un parque de la periferia con escaso mantenimiento.

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Y sin embargo, pese a todo ello, la visita ofrece hermosos descubrimientos. Coexisten en su interior árboles maravillosos, especialmente una Araucaria angustifolia, un Cedrus deodara, una Sequoia sempervirens, y la joya de la corona, el árbol Metrosideros robusta A. Cunn., incluido en el Catálogo de Árboles Singulares de Galicia.

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El metrosidero “singular” de Besada.

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El Metrosideros robusta de la Finca de Besada está considerado como el único ejemplar de la especie en Galicia con ese calibre y antiguedad. Pertenece a la familia Myrtaceae y es natural de Nueva Zelanda. Alcanza un porte de 15,7 metros de altura, un tronco de 1,92 metros y una copa de 10,60 metros.
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¡Imaginaros un árbol de tal envergadura en plena floración! Su coloración cambia al rojo carmesí (de sus flores), un espectáculo que esperamos enseñaros en cuanto se de la primera oportunidad.
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Aconsejamos su visita, aunque solamente sea por las virtudes “botánicas” de ese lugar, que permanecen y merecen ser difundidas.
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Una cosa más, este post ha sido posible gracias a una de nuestras lectoras, María Victoria, quien nos informó de la riqueza botánica de la Finca de Besada a través de un comentario en nuestra web.

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Fuente imagen postal antigua: todocolección.net

Fuente texto e imagen metrosidero: Diputación de Pontevedra.

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