Hoy nos hemos propuesto acercaros (a quien no lo conozca) La poética del espacio, de Gaston Bachelard. Este libro es un verdadero clásico en diferentes ámbitos, puesto que sería injusto relacionarlo únicamente con la filosofía o los estudios literarios. El fragmento que aquí hemos incluido como cita pertenecen a la traducción elaborada por Ernestina de Champourcin para el Fondo de Cultura Económica.

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En este libro, Bachelard realiza una reflexión pormenorizada sobre distintos aspectos relacionados con los espacios, el habitar o el sentirse acogido, el recogimiento, etc: desde la casa al universo, pasando por la buhardilla, los armarios, cajones, escaleras, cofres, grutas… Entrecruza prácticamente cada una de sus ideas con abundantes referencias literarias, apoyando así sus propuestas, acerca de cada imagen o concepto, en una erudición deslumbrante y que nos ofrece interminables asideras o nuevas vías de comprensión.

Si bien, y en realidad, el motivo por el que hoy nos hemos empeñado en hablaros de él es que hace apenas unos días, en un paseo con los niños, tuvimos la fortuna de encontrar un nido. Como la de Bachelard es una obra que admiramos profundamente, pensé de inmediato en cómo este escritor francés matiza tan bien todas las sensaciones que despierta en nosotros el encontrar uno de estos nidos.

Por ejemplo: “El nido como toda imagen de reposo, de tranquilidad, se asocia inmediatamente a la imagen de la casa sencilla. De la imagen del nido a la imagen de la casa o viceversa, el tránsito no puede hacerse más que bajo el signo de la simplicidad. Van Gogh, que ha pintado muchos nidos y muchas chozas, escribe a su hermano: «La choza con su techo de juncos me ha hecho pensar en el nido de un reyezuelo». El ojo del pintor, pintando un nido sueña con la choza, pintando una choza sueña con un nido. Con tales nudos de imágenes parece que se sueña dos veces, que se sueña en dos tonos. La imagen más sencilla se duplica, es ella misma y otra cosa más…”.

De Bachelard podemos aprender cómo las imágenes o las ideas se encuentran íntimamente magnetizadas en nuestro pensamiento. Él es uno de esos autores que nos ayudan a comprender mejor la naturaleza y el mundo -aunque no estemos hablando en términos científicos- porque nos descubre y desgrana cómo leemos o desciframos distintos aspectos, elementos u objetos de lo que nos rodea. Este es el caso de los nidos, Bachelard ve en ellos una imagen “primera” o “primaria”. Es decir, una referencia que suscita en nuestro pensamiento ideas igualmente “primarias”. Estas pueden ser las de la necesidad por sentirse acogido, la de la importancia de un origen, la del calor que permite la vida, la de la delicadeza de la propia vida… ¿Y no es la del nido una imagen que se nos presenta como trenzada a partir de esta secuencia de sensaciones, tan bien engarzadas como puedan estarlo las pequeñas ramas que les dan forma?

Os aconsejamos conocer y emplear esta o alguna otra obra de Bachelard así, a modo de «manual» con el que enriquecer el conocimiento cotidiano de todo lo que nos rodea, ya sea en un jardín o en la oficina.

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